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Te cuento mi historia

La noche en que Vite mordió el polvo

 Siempre tuve una relación importante con las palabras. Desde chico me gustaba participar en los concursos de poesía y de oratoria, aunque no me fuera muy bien.
Las palabras estaban allí, como una promesa que no acababa de concretarse. Todos los años, en todos los concursos, siempre ganaba mi más terrible adversario: Vite. 


Él prefería que lo llamaran así porque su nombre no le gustaba. El caso es que siempre se llevaba la victoria. Algunos decían que no era justo, que yo era un campeón sin corona, que lo había hecho mejor y que él ganaba por ser el consentido de la directora. Qué más daba, el caso es que yo perdía.


Un año antes de terminar la primaria me cambié de escuela, y para mi desgracia, Vite también se cambió a la misma que yo. Ese año no competimos, yo ni siquiera me enteré de que había concursos, pero llegó el último año y, allí sí, estaba todo por decidirse.


Recuerdo que llegué caracterizado como el personaje de mi poema: un niño en situación de calle. Eso me generó el regaño de mis profesores, por ir con pantalón roto y camisa sucia. El caso es que para mí todo sucedía como en un trance. Ni siquiera estaba seguro, y mi recuerdo de lo que pasó esa noche es muy borroso. 


Sin embargo, tengo claro que me paré en medio del escenario, recité mi poema lo mejor que pude y dejé que las palabras salieran como siempre las había sentido: con toda la emoción, plena y desbordada.


Al terminar mi participación, con la cabeza mirando al piso, fui levantando poco a poco la vista, preocupado por el rotundo silencio del auditorio. Los reflectores me cegaban, pero de pronto, mi mirada se aclaró y escuché una avalancha de aplausos. La gente me decían lo que ya sabía: lo mío son las palabras.


En otra ocasión te cuento cómo terminó esa historia. Por ahora puedo decirte que desde entonces he dedicado toda mi vida a escribir, hablar y enseñar a los demás a hacerlo. Llevo más de 30 años dedicado a la docencia, y actualmente sigo siendo maestro en la UNAM.


Escribir no es solo una vocación: es mi forma de vida y la manera en que gano dinero.

Y quiero que también sea la tuya. 


Si estás listo para empezar, dale clic abajo.

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